A veces me pregunto si mi
mutismo temprano y neurótico
tiene algo que ver con esta
búsqueda angustiada y mesiánica
de la palabra pura.
La imaginación, celda y refugio
Una imagen contra un mundo lleno de ojos
que desgarraban los míos.
Aprendí el idioma de los cuadros,
y nadie entendió,
porque solo se podía contemplar
a una cierta distancia.
Un lenguaje solitario
para ningún hablante;
nunca fui por mi misma simbólica,
mi palabra es dolorosamente corporal.
Y así, cuando trato de encontrar esas
palabras prometidas, aquellas que abrirían
el horizonte hacia algunos
lugares habitables,
me vuelvo a encontrar con la estrecha utopía
de lo irreconciliable que se encuentra
en el invisible trazo.
Regreso a la superficie,
varada en la primaria sensibilidad,
con mi piel de hablante,
con mi piel de oyente.
A la orilla del extranjero puro,
cuya propia condición se me hacía
insoportable.
Ya solo busco poder
darle la mano.
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