Todo es siempre gris y triste, siempre hay algo que falla, que falta, y todo parece ser problema de mi visión de las cosas. Bueno, ¿quizás no? ¿Quizás las cosas son realmente feas, grises y tristes? ¿Quizás sí que está el mundo para sentir rabia? ¿Quizás tengo derecho a sentir dolor y poder expresarlo y no pensar que son paranoias mías, que busco atención? Quizás que puedo pedir afecto si siento que me falta. Quizás no es siempre que exija más de lo posible. Quizás tengo razones para querer rendirme del todo y no es un malvado bicho en mi cerebro el que me deprime. Quizás necesito decir "oye, os echo de menos" y no tomarme una pastilla. Quizás tengo derecho a llorar y a fallar y a sentir desesperanza. Quizás rechazarlo me haga quemarme la piel. /Decir "te echo de menos" es como desnudarme, colgarme mil dianas en el cuerpo y suplicar que disparen. Qué difícil convencerse de que ellos ya no llevan armas. (...
Me escuece la piel de mis manos. El vacío ha salpicado por todos lados y ha dejado su característica mancha: la sangre. La sangre demuestra que hay vida; por eso buscamos su presencia, la prueba que nos saca del agujero negro que se instala en el corazón y te susurra: no hay nada dentro de ti. Todo lo que hago se lo traga el desagüe y me devuelve un envoltorio de plástico sucio y usado. Nada importa, nada significa nada. Cada decisión, cada gesto, cada comida, cada palabra, cada caricia, cada emoción hacia el otro: no significa nada. Hoy puedes sentir que tienes un camino que vas haciendo tú y que, al final, estará la recompensa por tan arduo trabajo. Mañana se va todo al traste, y tienes que empezar de nuevo. O peor: mañana quieres tomar el camino opuesto. ¿Qué planes vitales pueden hacerse, si nada está sujeto al tiempo y, sin embargo, el tiempo corroe el significado de todo? Me cuesta horrores describir el vacío – su estado puro; creo que cada cual tiene e...
Everything that I ruined No suelo escribir como hacía antes. No sé llorar como lloraba. Me duele que no miren mis historias ciertas personas, como hacían antes. No sé nombrar lo que siento, como siempre. Son las tres de la mañana y me invade el miedo de que te hayas enfadado por algo que haya dicho o hecho, y creo que no me quieres como antes. Soy la misma niña que sufre por los hombres que solía amar, antes de que me hicieran pequeña. Y ya no soy la de antes, eso lo sé, ahora afilo cuchillos cargados de rabia, con vuestros nombres en el filo, pero los lanzo sin mirar donde van; la mayor parte de las veces me hacen daño a mí. Soy yo misma, negándome, soy el propio “no”. Es un filo trabajado durante toda una vida. Y me duele el cuerpo, como antes, porque sigo sin poder utilizarlo para nadie. Es un saco de huesos con una masa amorfa que rebosa los bordes y me pesa demasiado, tanto que se atrofia, tanto que cuesta mantener a flote algo tan prescindible e inútil....
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