luz y horas

Me siento a verme marchar a lo lejos
en el aire perdura lo observado,
el espacio no sostuvo mi trémola mano;
allí no había más que luz.

Concédeme, tiempo, una segunda noche,
el olor a gotas frescas.
Cada cual respiraba su luz:
tan sólo con los hechos se te capta.

Mi cuerpo en la espera me abandona,
naciendo cada vez en la hora abrupta,
aquella que ha quedado despoblada.
Estoy demasiado sola en el mundo.

Declinan entonces las palabras,
y es que al inclinarme sobre mí misma,
puedo creer en las noches.

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