notas sobre las fotos
Apenas guardo fotos de 2016. Quisiera volver atrás. Quisiera volver atrás y saber que estoy atrás.
En aquella creo recordar que tuve un par de móviles que me robaron, no se guardaba nada en google fotos, apenas existían las stories, y borré casi todo mi feed cuando me cambié de universidad en un intento algo desesperado de ser una nueva persona, sin el cringe y el patetismo que destilaban mis años de plena adolescencia (algo de lo que seguro no me logré desprender). Me saldría de grupos de amigos al cambiarme de móvil, y ya no tendría acceso ni a conversaciones ni a sus fotos. Después derramé café sobre el portátil y todo lo que hubiera guardado de aquella se perdió definitivamente.
Ahora me obsesiona guardar fotos, a la vez que me sale cada vez menos hacerlas porque me sacan del momento y siento que estoy posando para allá donde las suba. En 2016 no me preocupaba eso, aunque sí el “qué pensarán”, pero desde luego no tanto, porque nada de lo que se subía era tan en serio, ni tan pensado. Quizás por eso también fue por lo que tuve tan pocos miramientos en borrar fotos. Tampoco pensaba que iba a querer recordar gráficamente los momentos por los que pasaba, porque ciertamente todo empeoró mucho poco después; esas pocas fotos son pruebas dolorosas de que lo peor estaba por venir y aun no lo sabía. Ver esa ingenuidad, esa inocencia genuina en las fotos, me cabrea.
¿Para qué querría verme en aquella época ahora, de todas formas? Fundamentalmente lo que pasa es que a veces no me recuerdo bien, y me gustaría ponerme cara en los recuerdos. Siento muy poca conexión con mis emociones de entonces. Pienso a menudo -o fantaseo- en que me gustaría poder seleccionar, como si se dispusieran ante mí como una pantalla con tres mil escritorios posibles, momentos específicos en los que sé que me sentí de una cierta manera exacta, me gustaría poder insertarme en ellos y volver a sentir exactamente eso.
Me genera una angustia indescriptible no poder sentirme nunca exactamente igual que en un momento determinado, porque ningún sentimiento es idéntico. Sé que no es malo. Sé que menos mal.
Quizás lo que en el fondo quiero es sentirlo y saber que lo estoy sintiendo, y que lo que estoy sintiendo es exactamente eso. Quiero un estado de consciencia imposible. Ver una foto es el acceso más inmediato y próximo, más cercano que tengo, a ese estado.
¿Para qué quiero eso, igualmente? En 2016 había tenido palos pero no había perdido tanto, no me había endurecido tanto. Aún tenía ese tener todo por delante feeling que surge cuando está terminando la adolescencia. Aún no era tan cínica ni tan triste. Aún estaban a mi lado personas que ya no están, y 2016 me recuerda intensamente a ellas. Aún pensaba que las cosas no se podían torcer más tanto. Si me cabreó tanto ver aquellas fotos, tanto que decidí borrarlas, quizás fuera por saber que ese sentimiento exacto nunca iba a volver, ese sentimiento previo a que todo vaya peor, ese no saber que todo va a ir peor.
Y no tiraba tantas fotos como ahora sé que hubiese querido. Y ahora me obsesiona perderlas, pero lo cierto es que sigo sin tirar tantas fotos. Sigo borrando muchas fotos.
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