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sacrificio y penitencia

Nunca fuiste de hablar demasiado Tu hábitat es el silencio te hice hueco para que vieneras y te fueras a tu antojo querias el mejor sitio, yo te di el hueco entre mis piernas. Querias ser dios, eras dios, aun lo eres cuando te quedas a dormir. Aún te rezo, cuando no tengo nada a lo que aferrarme, o cuando me aterra estar bien sin ti Siempre acudes, reluciente, y me ofreces tus brazos, me dejaste sin los míos Entonces soy un autómata a las órdenes de tu número Peregrinaje, sacrificio y penitencia Peregrinaje, sacrificio y penitencia Ningún altar es mejor que mi vida te di mi vida, en pequeños cachos te di lo mejor, te di todo mi tiempo porque tu nunca quisiste solo tener mi cuerpo. La devoción no es fácil sé que puedo conseguir un mejor templo, donde quepa tu magnificencia, tu misericordia, tu silenciosa voz,  la única que habla para mí  Siempre tuya, hasta que nos reunamos por última vez donde naciste, En el cementerio.

silencio y ahogos

He tratado de aprender nuevos idiomas Al principio era el cian y el amarillo, Después fueron las cuerdas y el martillo Y cuando el volumen rasca la superficie aserrada  Lo meto todo en una caja Cerrada con cinta aislante Como mis primeras mordazas solo creo en mi silencio Y que allí nazcan flores, que beberán la sangre Que allí llueva todo el año y no haya barcas Que se ahoguen las ondas que amenazan con dar forma Y se muera toda conexión eléctrica Solo creo en el silencio de mi mirada En su aterradora claustrofobia En su horizonte apátrida  Ahora solo rompo los colores, Ahora mis manos son mecánicas Creo que mis cosas ya no encajan El trastero no tiene puertas y colapsa Todo interior es en sí una cápsula  En ella vivo en el silencio Yo solo creo en el silencio En la palabra ahogada

nude

Quisiera decirte tanto, pero sigues sin dejarte ver. A veces dejas rastros, pequeñas migajas por el suelo, que me conducen una y otra vez al mismo punto muerto. Encuentro tu susurro alojado en el fondo de mi cráneo, donde no puedo alcanzarte, donde ya no te entiendo. Solo siento un ruido sordo, allí donde me pinté de blanco, donde sigue habiendo algo que falta.

escapadas

A veces me pregunto si mi mutismo temprano y neurótico tiene algo que ver con esta búsqueda angustiada y mesiánica de la palabra pura.   La imaginación, celda y refugio Una imagen contra un mundo lleno de ojos que desgarraban los míos. Aprendí el idioma de los cuadros,  y nadie entendió,  porque solo se podía contemplar  a una cierta distancia.   Un lenguaje solitario para ningún hablante; nunca fui por mi misma simbólica, mi palabra es dolorosamente corporal.    Y así, cuando trato de encontrar esas  palabras prometidas, aquellas que abrirían  el horizonte hacia algunos lugares habitables, me vuelvo a encontrar con la estrecha utopía de lo irreconciliable que se encuentra en el invisible trazo.   Regreso a la superficie,  varada en la primaria sensibilidad, con mi piel de hablante,  con mi piel de oyente. A la orilla del extranjero puro, cuya propia condición se me hacía insoportable.  Ya solo busc...

The summer blessing

I don’t wear the curse in my stomach, that one that fell roaring from the sky, for ten days it was crying and everything was said, the indelible, in the black of my pupil when it, scared, was throbbing at the seen of the weak light through the cloud.  Like an invertebrate animal, sewn in human skeleton, I was writhing among the days. like an abyssal animal who needs oxygen, inaccessible from birth. What was the touch from outside? The foam, and the beauty of the light in the sand, and the breeze and mist and cold behind a towel, dunes and baskets, watermelon and ice-cream, the families, couples, the children and the sandcastles. The white streets with no sidewalks, just with the shadow of the palm trees, tree or four stores, orchards, gardens, roads among wheat and greenhouses, horses, dogs, and cats, beetles. Tan skin and barefoot wet feet, Without combing, the sun was the only witness Of all of it and me, from the sea bottom, Sme...

la nada del poeta

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No me gustan los días de viento, porque se me vuelan las ideas se me congelan las mejillas y las manos: en mi vida no hay suficiente abrigo, al menos, parece que me queda muy pequeño. Quiero encontrar un momento que nunca llegó, quiero encontrar a la que nunca soy, quiero escribirlo como si no doliera. Quiero que nada duela. Y vivir en esa imposibilidad Y conformarme con que no me baste que sea algo que no se puede llenar; no hace falta. Para escribir hay que separarse del objeto Yo no tengo objeto, ni me puedo separar de mi pecho ni nadie puede pero me venden humo y trascendencia Yo no tengo na de eso, por no tener, no tengo ná (solo mi inevitable cuerpo) así que escribo desde dentro de la nada que construyen mi piel y mis huesos y no me mienta, María, el poeta tampoco la soporta.

Una página en un cuaderno

He podido ver más de siete millones de cosas, de esas que se cuentan en las viejas anécdotas de hombres experimentados;   aunque yo aun no llegaba al metro setenta. A mi corta edad diría que he vivido, porque he visto morir, y me he desengañado a cada paso que daba con soltura. He visto morir, sí, pero no de cualquier manera. La he visto sobre las cabezas de veteranos, y sobre las que acababan de levantarse sobre el cuello. Desnuda y burlona, se alojó en las habitaciones de esta casa en algún momento, bien en forma de vejez, pena, o mal de sueños. Cuando me tuvieron que llevar a uno de esos lugares donde se venera la plenitud del alma, ya entonces no se hizo necesario tener que escudarse en ningún tipo de palabra. Pude verla arropando en la cama a los niños, tapándoles inútilmente con la manta. Recuerdo a un niño al que tuvieron que atar, porque sus minúsculos brazos superaban con creces La humanidad que le demostraban. Pude verla con l...