cascarón (diciembre)

Otra vez, el vacío. Por dentro solo soy el cascarón de mis costillas.
Por dentro no hay más que un encuentro fallido.
Y aun así, me alzo de nuevo porque no queda otra, quizás,
que corresponder a aquella verdad que hace el milagro: 
toda vida es vivida.
A pesar de sentir que tan solo me roza, o que me atraviesa,
como un cuchillo que se afila en mis pulmones.
A pesar de que ya no sé llorar como hacía antes,
de que mi juventud acabó demasiado pronto,
y de que sus restos avivan mis neuronas, dándome vértigo,
por la falta que me hace ser quien soy.
La patria helada en el cascarón que conforman mis costillas,
que me aprisiona y condena en vida a aquel milagro.

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