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escapadas

A veces me pregunto si mi mutismo temprano y neurótico tiene algo que ver con esta búsqueda angustiada y mesiánica de la palabra pura.   La imaginación, celda y refugio Una imagen contra un mundo lleno de ojos que desgarraban los míos. Aprendí el idioma de los cuadros,  y nadie entendió,  porque solo se podía contemplar  a una cierta distancia.   Un lenguaje solitario para ningún hablante; nunca fui por mi misma simbólica, mi palabra es dolorosamente corporal.    Y así, cuando trato de encontrar esas  palabras prometidas, aquellas que abrirían  el horizonte hacia algunos lugares habitables, me vuelvo a encontrar con la estrecha utopía de lo irreconciliable que se encuentra en el invisible trazo.   Regreso a la superficie,  varada en la primaria sensibilidad, con mi piel de hablante,  con mi piel de oyente. A la orilla del extranjero puro, cuya propia condición se me hacía insoportable.  Ya solo busc...

The summer blessing

I don’t wear the curse in my stomach, that one that fell roaring from the sky, for ten days it was crying and everything was said, the indelible, in the black of my pupil when it, scared, was throbbing at the seen of the weak light through the cloud.  Like an invertebrate animal, sewn in human skeleton, I was writhing among the days. like an abyssal animal who needs oxygen, inaccessible from birth. What was the touch from outside? The foam, and the beauty of the light in the sand, and the breeze and mist and cold behind a towel, dunes and baskets, watermelon and ice-cream, the families, couples, the children and the sandcastles. The white streets with no sidewalks, just with the shadow of the palm trees, tree or four stores, orchards, gardens, roads among wheat and greenhouses, horses, dogs, and cats, beetles. Tan skin and barefoot wet feet, Without combing, the sun was the only witness Of all of it and me, from the sea bottom, Sme...

la nada del poeta

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No me gustan los días de viento, porque se me vuelan las ideas se me congelan las mejillas y las manos: en mi vida no hay suficiente abrigo, al menos, parece que me queda muy pequeño. Quiero encontrar un momento que nunca llegó, quiero encontrar a la que nunca soy, quiero escribirlo como si no doliera. Quiero que nada duela. Y vivir en esa imposibilidad Y conformarme con que no me baste que sea algo que no se puede llenar; no hace falta. Para escribir hay que separarse del objeto Yo no tengo objeto, ni me puedo separar de mi pecho ni nadie puede pero me venden humo y trascendencia Yo no tengo na de eso, por no tener, no tengo ná (solo mi inevitable cuerpo) así que escribo desde dentro de la nada que construyen mi piel y mis huesos y no me mienta, María, el poeta tampoco la soporta.

Una página en un cuaderno

He podido ver más de siete millones de cosas, de esas que se cuentan en las viejas anécdotas de hombres experimentados;   aunque yo aun no llegaba al metro setenta. A mi corta edad diría que he vivido, porque he visto morir, y me he desengañado a cada paso que daba con soltura. He visto morir, sí, pero no de cualquier manera. La he visto sobre las cabezas de veteranos, y sobre las que acababan de levantarse sobre el cuello. Desnuda y burlona, se alojó en las habitaciones de esta casa en algún momento, bien en forma de vejez, pena, o mal de sueños. Cuando me tuvieron que llevar a uno de esos lugares donde se venera la plenitud del alma, ya entonces no se hizo necesario tener que escudarse en ningún tipo de palabra. Pude verla arropando en la cama a los niños, tapándoles inútilmente con la manta. Recuerdo a un niño al que tuvieron que atar, porque sus minúsculos brazos superaban con creces La humanidad que le demostraban. Pude verla con l...

el mal amor (te odio/no me dejes)

(Imagina, por un momento, que este texto no es una recreación de una película, de un libro o de un cliché. Imagina que es 100% real, constantemente. El pasar del creer morirte, al cielo, y empezar de nuevo. De odiar a querer, del orgullo a la abnegación.) Es una maldición que arruina todo, es una metástasis de la cordura. De repente, todo desaparece - literalmente - y sólo importa él. Él, él, él.  Creo que me estoy muriendo, estoy casi segura de que mis órganos están fallando, algo no debe estar funcionando bien porque no me puedo levantar del suelo. No sé cuántas horas han pasado - una, dos, cinco, quizás no ha pasado ni media- Di algo, por favor, levántate y mira el teléfono, quizás te ha llamado. No ha llamado. Me estoy muriendo, y tengo miedo, debería ir a urgencias pero no creo que pueda levantarme. Si cierro los ojos quizás me quedo dormida y cuando me despierte estoy más despejada - ¿y si me muero durmiendo? Casi un alivio - 21.50 Debería coger el teléfono. He perdido t...

cuestiones eléctricas

Uno por uno, todos se suben al tren; yo lo veo desde arriba, en los pasillos y, con el minutero avanzando, más largo se hacía el andén. Yo nunca llego a tiempo para cogerlo;  se despiden desde los cristales, en la lejanía. Posiblemente no les vuelva a ver. Otras veces, me subo al vagón del tren, solo para darme cuenta al rato que no marcha a donde quiero; debe estar mal puesto el cartel. Y busco entre los asientos un rostro conocido; solo veo manchas difusas y confundidas, mirando con algo de desdén. Ahora tengo que volver al mismo día, misma estación, el mismo andén. Volver a bajar desesperada las escaleras, con suerte cojo el siguiente tren. Pero mi espalda ya está resentida, llevo ocho horas sin comer, por estar corriendo de un lado a otro; sé que hoy tampoco llegaré. Así, me encuentro en la estación a solas, mirando el andén crecer y, al fondo, muy oscura, la figura de mi padre, yéndose en el tren. 

mares, muelles, puertos y piedras en los ojos

Te empecé a olvidar en el paseo marítimo de Kalarand, en los muelles de Linnahalli, en el puerto de Patarei. Estando allí sabía que no volvería a verte, pero recogí piedras de la playa para llevarte.   Recordaba tu estantería, en frente de la cama, donde posaban un puñado de figuras de madera tallada, y piedras de imaginaria forma. Te gustaba coleccionar, así nunca perdías un recuerdo; no te quedaste nada mío, quizás un dibujo - un arlequín,  con doble máscara - Recogí las piedras, sabiendo que no te las llegaría a dar. No me ibas a dejar acercarme más, y no querrías recordarme así. Yo también colecciono tus recuerdos - perdona, he perdido tu collar,  ese que tallaste, pero aún tengo la postal de Punta Cana, la revista de aquella exposición y una sola foto - Me deshice de muchas cosas, incluso de la ropa que llevaba algunos días que nos vimos, y de la que más te gustaba. Me deshice hasta de mi pelo - no me habías conocido rubia, la última vez que nos ...